La retroalimentación es una avería exclusiva de los coches diésel sobrealimentados mediante turbo que puede llegar a destruir el motor, con las desagradables consecuencias que ello conlleva. Por suerte, no es algo que ocurra todos los días y, además, si se produce hay formas de minimizar los daños si se sabe cómo actuar antes de que la situación se vuelva irreversible.

Lo primero que debes saber es que la retroalimentación se produce cuando hay una avería en el turbo, el motor comienza a beber su propio combustible y alcanza su régimen máximo de revoluciones hasta haber consumido todo el aceite.

El humo blanco es uno de los signos de esta avería que revela que el motor está al borde de la destrucción. Si tu primera reacción es apagarlo, has de saber que no servirá de nada, ya que mientras quede aceite seguirá retroalimentándose.

Te contamos cómo todo lo que debes saber sobre la retroalimentación de los diésel y cómo debes actuar evitar problemas mayores.

¿Qué es la retroalimentación en los diésel?

La retroalimentación es una avería que se produce cuando llega demasiado aceite a la admisión como consecuencia -generalmente- de un turbo roto. Si esto ocurre, el ralentí se eleva y el motor se acelera, de manera que cuanto mayor es el régimen, mayor es la cantidad de aceite que consume, hasta que el bloque alcanza su régimen máximo de giro de forma incontrolada, generando una cantidad de humo blanco exagerada y un ruido fuera de lo normal. Si no se pone remedio, se acabará consumiendo todo el aceite hasta que el motor se termine gripando y destrozando por completo.

Presenciar una avería de este tipo es impactante, y no solo por la cantidad de humo, también porque, aunque el coche esté parado, el motor sigue girando como si tuviera el acelerador bloqueado a fondo, tal y como puede apreciarse en este video:

Cuando esto ocurre, es cuestión de minutos que el motor acabe destruyéndose, en cuyo caso hay que llamar a la grúa para que lleve el vehículo al taller y los expertos evalúen los daños. El coste de la reparación puede ir desde los 200 a los 800 euros, según cómo haya sido tu reacción y el daño que se haya producido.

¿Por qué ocurre?

Como puedes imaginar según lo que ya hemos contado, la retroalimentación en los diésel es un problema derivado de una fuga en el aceite que entra a la admisión.

Cuando se introduce en la cámara de combustión, el aceite, mezclado con el combustible y el aire, se empieza a quemar, obligando al motor a girar hasta sus máximos mientras el turbo continúa llevando aceite y aire al motor debido al giro de la turbina, y así hasta que el motor acaba usando el aceite como único combustible.

¿Cómo detectar esta avería?

Lo ideal sería detectar la fuga de aceite antes de que se inicie la retroalimentación, sin embargo, no es algo sencillo.

Por eso, si al arrancar el coche notas que el motor se acelera solo sin que hayas pisado el pedal correspondiente, lo más seguro es que estés a punto de presenciar dicha avería en tu coche. Si dicho síntoma va a acompañado de una densa nube de humo blanco, entonces no hay duda: el motor está quemando aceite.

¿Qué hacer cuando el coche se retroalimenta?

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Cuando presencies estos síntomas no puedes esperar a que el coche se pare por sí mismo, ya que si el motor tiene aún aceite y aire que quemar seguirá revolucionado. Tampoco sirve de nada desconectar el contacto. Entonces, ¿qué hay que hacer?

Uno de los problemas de esta avería es que cuando se produce lo hace de forma tan violenta y llamativa que muchos no saben cómo reaccionar. Por eso, lo primero que hay que hacer es mantener la calma. Después, sin perder tiempo, hay que calar el motor, pero no metiendo primera y soltando el embrague poco a poco, sino de forma burda, para conseguirlo a la primera, de lo contrario, no habrá nada más que hacer. Solo hay un intento. Para lograrlo, mete quinta, pon el freno de mano, pisa a fondo el freno, y suelta el embrague de golpe. Hazlo a lo bruto. Si lo haces suavemente, quemarás el embrague y perderás la oportunidad de calar el coche.

¿Y si el coche es automático? En ese caso debes utilizar un trozo de tela o similar para tapar la admisión.

Si lo has conseguido, enhorabuena, porque has parado la retroalimentación y, por tanto, los daños producidos serán menores de lo que podría haber sido. Con suerte, solo tendrás que cambiar el turbo por uno nuevo que, aunque no es un reemplazo barato, al menos es mucho más barato que cambiar un motor entero.

Eso sí, una vez sucedido esto, no puedes arrancar el coche de nuevo, ya que la retroalimentación podría volver a iniciarse.